Inteligencia EmocionalInteligencia Emocional
El Poder De La Mente
                                                

Inteligencia Emocional, 6



No existe diferencia entre la naturaleza de la inteligencia de un genio y la de un hombre normal.

Las neuronas de un ser humano no son diferentes a las de cualquier otro ser humano, aunque su nombre sea Miguel Ángel, Einstein, Mozart, Aristóteles, Alejandro o Shakespeare.

No hay ningún misterio insondable en la inteligencia del genio.

Ni su mente es un santuario que no se pueda violar.

Se trata sencillamente de un hombre que ha adquirido la facilidad de relacionar; que sabiéndolo o sin saberlo, utiliza algún Medio de Relación que le da resultado.

Los Medios de Relación no tienen por qué ser supuestos en práctica solamente por un pequeño grupo de privilegiados, aunque así haya sucedido hasta ahora, a lo lardo de toda la Historia de la humanidad.

Pueden ser puestos en práctica por cualquier persona normal.

Los Medios de Relación constituyen algo que puede aprenderse.

Y, por tanto, algo que puede enseñarse.

¿Significa esto que yo crea que cualquier persona normal si lo quiere puede llegar a ser un genio?

Sí lo significa.

Esto es exactamente lo que creo.

Existe una mecánica cerebral: ésa es la que hay que utilizar lo más racionalmente posible.

El genio es aquel que logra.

No hay creación sin reglas, se conozcan o no.

Genio es aquel que, una vez que las descubre y las hace suyas, les añade su propia personalidad.

Y esto no significa que no crea en los genios.

Definitivamente, creo en ellos.

Si tuviera que escoger uno que representara a cabalidad la fuerza y la pujanza del espíritu humano, me referiría a ese creador incesante, vencido y victorioso, liberador de artes y artistas, que fue Miguel Ángel.

De él dijo uno de sus más notables biógrafos, Romain Rolland: "El que no cree en el genio, el que no sabe lo que es el genio, que mire la obra de Miguel Ángel". Creo en el genio, pero creo también que es posible alcanzarlo.

Se ha establecido una tradicional diferencia entre genio y talento en todo proceso de creación:

El minuto fecundante es atributo del genio del autor; La gestación del artífice es obra de su talento; Genio es inspiración instantánea; Talento, sudor de las horas; Genio es pasión; Talento, serenidad.

Se ha creído que el genio está envuelto en lo inescrutable de los dones divinos, de las iluminaciones relampagueantes, mientras el talento es el producto del esfuerzo. Yo creo, en contra de muchos que han teorizado sobre esta materia, y al igual de la mayor parte de los mismo creadores, que también el genio no es más que el fruto acabado de la constancia.

Tanto en uno como en otro intervienen en entendimiento, el amor, la voluntad, el trabajo y la poesía.

Ambos son cosas del hombre y ambos son cosas de Dios.

Pero en la tierra las cosas de Dios son las cosas del hombre.

Reconozco que ésta es una teoría muy incómoda.

Si los grandes logros son debido a una facultad inalcanzable, que no poseo, y no al esfuerzo realizado con constancia, que sí se encuentra a mi alcance, entonces mi mediocridad se encuentra consoladoramente justificada; pero si, al contrario, los grandes logros son debidos a hombres normales, en todo menos en una voluntad excepcional, ya no puedo tener ninguna excusa ante mí mismo.

A muchos creadores tiene que costarles el darse cuenta de que no son elegidos de los dioses, sino hombres como cualesquiera.

Y siempre será difícil renunciar a escribir o enseñar acerca de una actividad de fuentes arcanas y cuyas intimidades solamente unos pocos pueden conocer. Nadie es un genio por obra del cielo o de la suerte.

Y eso no es reducir el genio: es engrandecer al hombre.

Vivimos en la era de los ordenadores,

Y el futuro será determinado cada vez más por la existencia y posesión de ellos. Ahora bien, el más perfecto de los ordenadores es el cerebro humano.

Y la presente era debe ser, pues, la suya.

El cerebro contiene treinta mil millones de células nerviosas, llamadas neuronas; y el más perfecto de los ordenadores construido hasta ahora no posee ningún elemento equivalente.

Cada una de estas treinta mil millones de neuronas está conectada a otras diez mil, y muchas de ellas tienen más de cincuenta mil conexiones.

La cifra correspondiente a la cantidad total de conexiones no cabría en varios libros como éste.

Las posibilidades de memorización del cerebro humano son casi ilimitadas.

En la sustancia gris contenida dentro de la caja del cráneo hay una máquina cuyo peso es menor de kilo y medio y tiene la potencialidad de millones de Ordenadores juntos.

¿Podría alguien fijar los límites de esta máquina?

Y la mente no es una simple función del cerebro, sino una actividad espiritual que el hombre ejerce actualmente a través de un órgano material.