Inteligencia EmocionalInteligencia Emocional
El Poder De La Mente
                                                                                                                                                                                                                                     

Inteligencia Emocional,  19

"Ser o no ser".

Convirtamos la duda de Hamlet en un absurdo y llegaremos al arte.

Para ello no es necesario cambiar sino una sola palabra: la conjunción.

"Ser y no ser".

Ser y no ser al mismo tiempo: eso es el arte.

Una catedral gótica es una catedral y no es una catedral.

Un poema son palabras que tienen un significado y, a la vez, es otra cosa lo que significan.

La música de Brahms es música y al mismo tiempo es también otra cosa que no es música.

El color de un cuadro es color y no es color.

Mona Lisa sonríe y no sonríe.

Es más: es mujer y no es mujer.

Toda obra de arte es una gran metáfora.

Una gran Metáfora que se entiende y no se entiende.

En toda obra de arte hay arte y otra cosa que no es arte.

Es una forma sensible y ala vez no es una forma sensible.

Es una idea y no es una idea.

Es y no es ambas cosas al mismo tiempo.

Ser o no ser en arte, ésta es la cuestión.

El arte llega a su máxima expresión allí donde, antes de concebirse la obra, es indeterminado el número de posibilidades que existen para su realización, pero, una vez terminada, pareciera que aquello que se presenta ante nuestros sentidos, para poder ser, no podía ser de otra manera, tenía que ser así, sin ninguna alternativa.

Antes de ser libre era libre; después de ser es necesario.

La libertad radical forma parte constitutiva de una obra de arte.

Sólo un ser libre puede realizarla.

Se le atribuye a Giacometti la siguiente frase: "Si en un incendio tuviera que escoger entre salvara un gato o a un Rembrandt, salvaría al gato".

Es enorme la importancia de la frase.

Sus consecuencias son ilimitadas.

Pero a mí me cuesta creer que uno de los más grandes escultores de este siglo haya pensado verdaderamente eso.

Y estoy seguro de que si en realidad se encontrara en las circunstancias supuestas, haría lo mismo que yo:

Salvaría al Rembrandt.

En el caso contrario, éste se perdería sin posibilidad alguna de sustitución. El gato podría ser sustituido por millones de gatos.

Un gato siempre será un gato.

Un Rembrandt siempre será ese Rembrandt.

Años después, ¿qué significación tendría haber salvado el gato, perdido el Rembrandt para siempre?

Pensaría otra cosa si fuera Noé a quien se le hubiera planteado una disyuntiva semejante.

En este caso no se trataría de la salvación de un animal en concreto sino de la de toda una especie, cuya utilidad en la economía de la creación nadie podría determinar en todos sus alcances.

Y, sin duda alguna, si yo tuviera que escoger entre un Y Rembrandt y un niño, salvaría al niño.

Porque creo en la existencia de un alma libre e inmortal en el ser humano. Y nunca me sería dado saber si ese niño podría ser Rembrandt.

Son muchos los que creen que quieren ser creadores y que alegan no poder realizar la obra para la cual están llamados- ¿llamados por quién?, ¿por qué alguien tiene que llamar?- Por la falta de comprensión que encuentran a su alrededor. Si realmente se comprenden a sí mismos, ¿por qué necesitan la comprensión de nadie?, ¿o lo que quieren no es comprensión, sino mucho más: seguridad en su propio destino, porque no saben que sólo ellos mismos pueden dársela? Con la ayuda de los demás, mejor.

Pero ninguna ayuda también, si ella no puede lograrse.

Uno busca muchas veces las razones de su propio fracaso en el medio ambiente, al que considera hostil, cuando donde hay que buscarlas e dentro de uno mismo. El que tiene una obra por realizar la realiza por encima de todo.

Lo mismo sucede en el plano de lo colectivo: los pueblos también tienen la tendencia a justificar sus fallas, atribuyéndole a otros lo que muchas veces constituye una responsabilidad indelegable.

Es muy fácil culpara los demás.

Pero no es verdad.

Cada quien puede hacerse su propio destino.

Por lo general, cuanto más fiel es uno a sí mismo, más dispuesto se siente para comprender las fallas de los demás.

Es algo como si la propia fidelidad bastara para realizarse y no se necesitara de otra identidad sino de la propia.

Cada quien es un ser único en el mundo.

Desde el principio del tiempo hasta su fin, nunca podrá existir ninguno otro igual. En sí, cada quien es un original que no tiene copia.

Hemos escuchado muchas veces esta frase: "Cuando te hicieron se rompió el molde", pero no nos damos cuenta cabal de todo lo que ella significa.

Al producir una obra de creación, todos podemos ser originales, digamos lo que digamos en ella, y necesariamente lo seremos si, a los conocimientos adquiridos, le añadimos simplemente nuestro propio ser original.

Lo que se necesita es el coraje de ser uno mismo.

Genios potenciales los hay en todas partes.

Es más: en cada persona que vemos caminando por la calle hay un genio en potencia.

Pero genios en acto y actuantes desconocidos por el mundo, ésos creo que serán pocos, sobre todo hoy en día, con los medios de cultura y comunicación a nuestro alcance.

Podemos tener la seguridad de que aquel que tenga en las manos la Novena Sinfonía de Beethoven no pasará por la vida como un genio inédito.

Y quien la haya producido, no le importe que no le hagan caso, pues algún día le escucharán hasta las piedras.

Y no creo que una idea nueva encuentre 1° un camino fácil para llegara su destino. Muy al contrario, tengo conciencia de que ese camino está lleno de toda clase de obstáculos.

El primero de ellos se encuentra dentro de la misma mente de su creador. Allí es donde tiene que librar su primera batalla.

¿Qué de extraño tiene, entonces, el que después tenga que superar muchas otras? Quien tiene una idea no puede aspirar a encontrarse muy acompañado desde le comienzo.

Y cuanto más trascendente sean muchos los que la comprendan.