Inteligencia EmocionalInteligencia Emocional
El Poder De La Mente
                                                     


Inteligencia Emocional, 14


En un invento, la mitad la pone el científico; la otra mitad, las coincidencias. Pero la mayor parte de éstas también de las debe el científico a sí mismo.

En muy contadas ocasiones se puede identificar en toda su extensión el camino que conduce al hallazgo.

¡Cuántas veces se llega ala verdad por error!

El sabio, a través de sus propias equivocaciones, va venciendo cada día su propia ignorancia.

Casi nunca se logra la verdad en el primer intento.

La batalla por lograr un nuevo pensamiento se gana pasando por encima de los cadáveres de multitud de pensamientos equivocados.

Colón se equivocó: lo que él buscaba era llegar a la India, y. Si no hubiera sido por ese desacierto, no habría regresado a Europa con la tierra de un Nuevo Mundo en las manos.

¡Cuántas veces hay que gastar toneladas de esfuerzo para obtener un gramo de energía!

Hay momentos en que es necesario olvidar todo lo que se sabe y todo lo que se ha hecho y volver a empezar.

Hay que estar muy confundido para poder llegar a ver con claridad alguna vez.

Y si no se ha pasado por esa etapa es porque todavía no se ha comenzado de verdad.

El sabio supone que el norte se encuentra en una determinada dirección y comienza decididamente a andar hacia allá; no por tropezar pierde su rumbo y, cuando se convence de que está equivocado, empieza de nuevo en otro sentido; y así una y otra vez, hasta que encuentre el rumbo certero.

Aquel que pretenda iluminar algún camino, aun cuando la duda y el desconcierto se apoderen de él, tiene que seguir hacia el lugar donde en algún momento creyó verla luz, en tal forma que si los demás pudieran contemplarlo dijeran:

"Anda en la oscuridad, pero anda"

Y llegará al final, si puede ser un centímetro más allá o más acá que los demás. Un centímetro: ésa es la diferencia.

Y muchas veces ésta se encuentra en lo que es evidente.

Porque quien no sabe ver lo que es obvio, no sabe ver.

El investigador sigue las señales de la naturaleza.

Pero algunos, sorprendidos por no encontrarlas en el lugar donde creían que debían estar situadas, han tratado tozudamente de forzar a la naturaleza a colocarlas allí, para poder seguir adelante por el camino que habían previsto.

No es de extrañar que algunos científicos, siguiendo el no de de sus ideas, hayan sostenido, para mantener sus argumentos aun en contra de los hechos, la más anticientífica de las pretensiones que pueda ser concebida: "los hechos están equivocados", como afirmó Einstein en frase textual, porque, aunque parezca imposible, más de una vez han tenido razón.

Casi nunca se llega a conclusiones racionales sin una buena carga de irracionalidad, ni en la vida, ni en el arte, ni en ninguna de las ciencias.

Mucho es lo que ellas han avanzado por caminos no científicos.

La historia de la ciencia y del arte jalonada por la lógica, la racionalidad y el orden pero también por incomprensibles paradojas, equivocaciones repetidas, intuiciones absurdas.

Y el que haya sido así es lo que la hace más grande.

En la vida ordinaria no realizamos lo absurdo hasta que nos convencemos de que no es absurdo.

En el campo de la creación debe ser al contrario: aquí nada es absurdo hasta que no se demuestra cabalmente que en realidad lo es.

Par un espíritu creador nada en principio es absurdo.

Así como "el corazón tiene razones que la razón no entiende", a todo contrasentido puede encontrársele un nuevo sentido lógico.

Hay que soñar.

Soñar realidades, aunque no sean realizables.

Y después, realizar lo soñado.