Inteligencia EmocionalInteligencia Emocional
El Poder De La Mente
                                                    
Inteligencia Emocional, 13




En la vida diaria utilizamos casi siempre las mismas frases hechas, que, por lo general, no son más de doscientas cincuenta.

Algo parecido sucede con las ideas: andamos una y otra vez por la misma vía y, a veces, ni siquiera nos damos cuenta de que es la misma.

Yo quiero escribir este libro con toda sinceridad.

Pero estoy lleno de prejuicios que me inhiben, que siendo que me distorsionan la mente, que me llevan por caminos distintos de los que quisiera. Siento a veces que se interpone una especie de barrera entre mi mente y la máquina de escribir que tengo delante de los ojos.

Y esa barrera pareciera que interceptara las ideas tal como fluyen del cerebro, para someterlas a un proceso en el que están presentes como jueces todos los conocimientos, falsos o verdaderos, que he adquirido a lo largo de mi existencia. Allí está todo lo que, a través de los sentidos, ha llegado hasta mi mente. Las palabras expresan su propio significado, pero también el de cada una de las que existen en el entendimiento de quien las dice, en la espera de ser llamadas para comparecer y representarlas a todas.

Mi sinceridad está por mi propio pensamiento.

En cada letra que escribo estoy yo mismo en cerebro entero.

Por inclinación natural, tenemos una marcada tendencia hacia la comodidad. Y quizás aquella contra la que es más difícil luchar sea la del pensamiento. Nos sentimos confortables transitando el camino que no es familiar.

Es muy difícil disponerse a transitar por caminos diferentes a aquellos que otros han trazado y uno ha recorrido más de una vez.

Pero una disposición en ese sentido es absolutamente imprescindible para lograr cualquier avance en lo que se refiere al pensamiento creador.

Hay que partir de la base de que la rutina del pensamiento es su obstáculo principal. Muchas ideas no pueden entrar al cerebro, no porque no haya cabida para ella, sino porque otras ideas les cortan el paso.

En mayor o menor grado todos sufrimos de "misoneísmo", horror a la novedad, más acentuado, como es lógico, en las culturas e individuos decadentes.

Mucho más importante que una respuesta correcta es una pregunta formulada antes de que nadie la haya pensado.

Nunca se podrá responder cabalmente ninguna cuestión.

Cuando quien contesta queda satisfecho no conoce las respuestas.

Nada se soluciona, sino en una cierta medida.

Aun en materia de ciencias, lo prodigiosos adelantos actuales nos deben llevar a la conclusión de que nunca se podrá decir sobre nada la última palabra.

La ciencia y la filosofía se están acercando otra vez.

Hoy los científicos se encuentran en trance de admitir que las verdades del filósofo pueden ser aún más verdaderas que las de ellos, puesto que hoy se considera que en ciencia la verdad no es sino un grado de probabilidad.

Ni siquiera la más universal y exacta de las ciencias puede aplicarse con igual exactitud a todas las realidades.

"Dos y dos son cuatro".

Depende.

Dos manzanas y dos peras son cuatro frutas, pero dos litros de agua y dos litros de alcohol, en determinadas consecuencias, no son cuatro litros de alcohol con agua, sino 3.995 cm3, y en un motor trifásico dos amperios más dos amperios no son cuatro amperios, sino 3,4641 amperios.

Todo aquello que es verdaderamente importante para la ciencia actual no llega a nosotros a través de ninguno de nuestros sentidos.

No lo podemos ver ni tocar, pero, sin embargo, sabemos que está allí.

Para las tareas de investigación, para descubrir, para inventar se requiere de un permanente acto de fe, que las convierte en una aventura cada día más hermosa. La ciencia, por ser ciencia, ya ha alcanzado la grandeza del misterio.

Y avanza en medio de sus propias contradicciones, en la esperanza de que algún día ellas tengan alguna aceptable explicación.

Y no deja de avanzar por eso.

Quien frente a la naturaleza y a la vida comience a preguntar, dispuesto a seguir adelante después de cada respuesta, es posible que nunca encuentre la que busca, pero alguna encontrará.

No sé dónde leí una idea parecida a ésta: si al mediodía salgo de mi casa a buscar una estrella, estoy seguro de que no regresaré por la tarde con las manos vacías. Muchas veces es la intuición de una respuesta lo que suscita una pregunta. La intuición siempre procede ala certeza.

El investigador, antes de experimentar, piensa y, pensando, atisba, intuye, vislumbra. Y para ello se necesita un algo de ingenuidad.

En las sienes de un sabio aletean un niño y un poeta.

Quien no tenga el don y el coraje de la profecía jamás podrá ser un sabio. Antes de resolver un problema hay que ver el problema ya resuelto.

Por eso, los pasos de la ciencia son las hipótesis.

El científico es un hombre cargado de audacia para formular conjeturas y de paciencia para someterlas a un riguroso estudio.

Todo descubrimiento no es sino una suposición comprobada.

Y las experiencias, demostraciones de un pensamiento previo.

Ellas no guían el pensamiento del científico, lo que hacen es confirmar lo que anteriormente se ha pensado, o demostrar que es necesario comenzar a pensar de nuevo.

Descubrir es un juego de azar en el que hay que apostar muchas veces. Siempre hay que estar dispuesto a dar otra vuelta.